NUNCA ES TARDE Para Tener Una Infancia Feliz


Ambos hermanos discutían sobre su pasado, ya entrados en canas y llegando casi a la tercera edad, 60 años, se planteaban por qué sus experiencias eran tan diferentes, aun cuando los dos habían compartido las mismas circunstancias, ella dictaminaba.

- Mi infancia fue muy difícil y triste, huérfana de padre, sin posibilidades económicas y observando batallar a mi madre desde la madrugada hasta el anochecer, luchando por sacar adelante lo único que poseía Sus tres hijos. 
Conteniendo a duras penas el llanto miraba su pasado solitario y triste. En cambio él afirmaba 
- Mi infancia fue muy feliz, vi luchar a mi madre y eso me hizo admirarla aún más, la falta de padre me obligó a madurar más rápido y las necesidades que vivimos alimentaron mis sueños y ambiciones. 
- ¡No puede ser así! 

Exclamó ella 
- Tú también sufriste igual que yo, o tratas de engañarme o me explicas que sucedió con tu pasado porque en nada se parece al mío. 
- Es simple de explicar, me quede con lo mejor de lo vivido y bloqueé lo negativo, rescribí nuevamente mi vida pasada y en lugar de ser una carga la convertí en una maravillosa experiencia a mí existir. 
- Explícame cómo es que “rescribiste tu pasado”, si el pasado nadie lo puede cambiar. 
- Mira, lo importante no es la experiencia sino más bien que haces con ella, tú decides si te amarga o te ilustra, si te empobrece o te enriquece, si te hace avanzar o retroceder. Reflexiona, el sufrimiento es un legado y la felicidad, en cambio, es una creación, te tienes que esforzar para ser feliz. 
- ¿Entonces yo puedo cambiar mi pasado 
- Desde luego, “nunca es tarde para tener una infancia feliz”, y lo mismo acontece con todas las adversidades del pasado, tú decides qué hacer con tu historia; o te sume en la amargura o te hace más sabio y te impulsa a la plenitud. La vida es un continuo aprendizaje, si no asimilas la lección, la historia se vuelve a repetir hasta que logras superarla. 
Dios nos invita en cada amanecer a atrevernos a ser felices y avanzar construyendo nuestro porvenir, gracias a un pasado que supimos asimilar, y nos prepara día a día a ser mejores y así estar en posibilidades de contribuir a su creación. 
Recuerda, nunca es tarde para tener un pasado feliz.