La decisión correcta



Pregunto: ¿quién no tiene problemas?, ¿quién no se enfrenta ante la duda y la indecisión?, ¿qué debo hacer?, ¿qué debo decidir para salir adelante, qué opción elegir? Encrucijadas diarias y permanentes que nos hacen evolucionar o involucionar, nos hacen avanzar o retroceder, pero debemos decidir, pues la propia indecisión nos degrada y aletarga nuestro crecimiento, debemos probar para hallar, y las equivocaciones nos muestran el camino correcto. Pero no podemos y no debemos darnos el lujo de la indecisión, “si lo intentamos lo sabremos”, en cambio, la parálisis no nos aporta experiencia alguna. Preferible pensar:
“la regué, me equivoqué”, pero nunca decirme a mí mismo: “fui un cobarde porque no lo intenté”. 
Y cabe preguntarnos: ¿y con base en qué decido?, ¿cuál debe ser la brújula de mi libertad?, ¿cómo saber si he decidido lo correcto? Esto es en función a la columna vertebral de todo ser humano: nuestros propios valores. Más allá de los sentimientos y los deseos están las piedras angulares de una vida coherente, y son precisamente nuestras convicciones y valores de orden superior.
Si partimos del principio que debemos decidir en función directa de nuestros valores, éstos deben ser cuidadosamente seleccionados, profundamente meditados, y colocados en la parte nuclear de nuestro ser, sólo así tendremos la certeza de estar tomando las decisiones correctas, cuando tengo la seguridad de que son el resultado de mi coherencia existencial aun cuando las circunstancias sean adversas, yo tengo la decisión última para decidir en qué grado y en qué forma los acontecimientos me van a afectar. Gandhi en su lucha de la no violencia decía: “Ellos no pueden quitarnos nuestro autorrespeto si nosotros no se los damos”.