¿ESTUDIAR PARA SER EMPLEADO O PARA SER EMPRESARIO?

Los estudiantes de la enseñanza superior, técnica y universitaria, tienen la ilusión de apenas finalizados sus estudios o durante los últimos años de su carrera, encontrar trabajo en una empresa, en lo posible de gran tamaño, para iniciar su vida laboral y proyectar su carrera profesional.

Hace unas pocas décadas esta ilusión tenía su fundamento en la realidad, ya que el mundo de la empresa necesitaba con urgencia a los nuevos profesionales, escasos para la época. Los profesionales, incluso antes de egresar, tenían asegurado un cupo en una gran empresa, desde donde podían planificar con toda tranquilidad su futuro laboral, en sus distintas etapas hasta llegar a la jubilación.

Hoy en día la situación es radicalmente distinta. La abundancia de nuevos profesionales disponibles en el mercado, egresados de muchas más universidades que antes, más los profesionales que han perdido sus trabajos por fusiones y racionalizaciones de empresas, hacen que el panorama sea más desalentador para encontrar trabajo.

Por otra parte las crecientes cifras de desempleo que afectan no tan sólo a nuestro país si no a nivel mundial, tienen una razón más bien estructural que coyuntural. Las constantes recesiones internacionales de los últimos años, el aumento de la competitividad de las empresas, los permanentes cambios tecnológicos, las incertidumbres generadas por amenazas de cambios legislativos, son sólo algunas de las explicaciones para que los niveles de cesantía se mantengan en los desesperantes porcentajes por sobre los dos dígitos.

Difícilmente, una empresa que ha reducido su dotación de personal, para ajustarse a los menores niveles de demanda, volverá a contratar la misma cantidad de trabajadores que ha despedido, incluso si los niveles de actividad volvieran a los mismos estándares pre desaceleración, ya que sin duda alguna ya habrá ajustado sus estructuras y optimizado sus procesos, de tal manera de permitirle sobrevivir en esta época de turbulencia.

Este panorama desalentador por cierto para quienes pretenden abrirse camino en el mundo laboral, aún no es asumido plenamente por los más jóvenes, quienes mantienen sus ilusiones y muchos de ellos aún no aterrizan en esta realidad.

Por su parte la mayoría de las universidades continúan preparando a los estudiantes para trabajar en la gran empresa, en circunstancias que éstas representan menos del 1% del total de empresas existentes en nuestro país. Los conceptos entregados, los casos estudiados, los textos que se usan de guías, provienen de una realidad muy diferente a la que con mayor probabilidad se enfrentarán los futuros profesionales, generando una brecha importante entre las expectativas generadas y la realidad.

Lo más probable es que los jóvenes profesionales enfrenten la cesantía ilustrada por bastante tiempo, trabajen en una empresa grande en cargos de menor nivel que el esperado ( para el que teóricamente fueron preparados) o lleguen a prestar sus servicios en una empresa de menor tamaño, seguramente de estructura familiar.

  • Enseñanza pro empleados

  • La mayoría de los estudiantes y de las personas en general, se plantean la posibilidad de “algún día” tener su propia empresa, una vez que hayan acumulado suficiente experiencia y capital para comenzar. Sin embargo en el camino este sueño queda solamente en eso...en un sueño.

    Una de las razones que impiden que estos sueños se transformen en realidad, es la falta de fomento del espíritu emprendedor en la enseñanza universitaria. Las universidades en general preparan empleados y no empresarios.

    Son muy pocos los centros de la educación superior que consideran el fomento del espíritu emprendedor dentro de sus mallas curriculares. Menos son las universidades que contemplan dentro de sus exigencias académicas el desarrollo de un plan de negocios real y en su lugar piden tesis bastante teóricas, que se van copiando o transmitiendo año tras año y finalmente, quedan muy bien archivadas en algún lugar, que se consulta solamente para referenciar una nueva tesis.

    Por otra parte, la vinculación efectiva de la universidad con las empresas de tamaño real son escasas y muy circunstancialmente los alumnos tienen la oportunidad de compartir con empresarios.

    La forma de enseñar tradicional tampoco ayuda mucho al fomento del espíritu emprendedor, ya que los métodos usados difícilmente permiten el pensamiento divergente y la mayoría de los profesores continúan repitiendo las mismas teorías que alguna vez ellos aprendieron con estos mismos métodos. Para aprobar un ramo, basta con repetir lo que el profesor dijo en sus clases.

  • Enseñanza que fomente el espíritu emprendedor

  • Los países que se desarrollan es porque han generado una cultura emprendedora y han fomentado la creación de empresas y empresarios, desde los métodos de enseñanza hasta la creación de incentivos específicos para la creación de nuevas empresas.

    Las universidades se vinculan con los empresarios y logran desarrollar verdaderas incubadoras de empresas creadas por los alumnos y en algunos casos logran financiamiento para los proyectos con mejores expectativas.

    Las mallas curriculares contemplan la enseñanza del fomento del espíritu emprendedor desde los primeros niveles y terminan con el desarrollo de un plan de negocios como tesis y que idealmente pueda ser realizable.

    Los métodos de enseñanza también han sido cambiados invitando a los docentes a ser partícipes del proceso emprendedor, debiendo tomar cursos especiales para profesores, en los que se les enseñan nuevas formas de enseñar, que estimulen el espíritu emprendedor.

    Algunas universidades, institutos y centros de formación técnica chilenas, están haciendo esfuerzos verdaderos por fomentar el espíritu emprendedor, pero todavía son actividades aisladas, experimentales o están concentradas en carreras del área de administración de empresas.

  • Oportunidad de emprender

  • Sin duda que a nuestro país le falta mucho por desarrollar en la búsqueda de una cultura emprendedora. En primer lugar, falta el gran proyecto país en esta materia, que abarque todas las estructuras posibles, de tal manera que en el mediano plazo podamos ser una nación de emprendedores que generan empleo en lugar de buscarlo.

    No quiere decir que todos, absolutamente todos, sean empresarios. La idea es cambiar la actual mezcla, incorporando muchos más empresarios y empresas a las posibilidades.

    Mientras esperamos el gran proyecto país, que quizás nunca llegue a existir, tenemos la oportunidad de acciones concretas, para ser emprendedores.

    Los estudiantes pueden considerar seriamente la alternativa de ser empresarios, no algún día, si no hacer un plan de negocios concreto hoy. Los profesores pueden incorporar nuevas prácticas a sus métodos de enseñanza. Las universidades incorporar cursos electivos para profesores y alumnos acerca del fomento del espíritu emprendedor. Los empresarios acercarse a los centros educacionales para capacitarse y estimular a los nuevos emprendedores, etc.

    No hay que esperar a que pasen cosas. Hay que hacerlas pasar.



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