Derribando obstáculos. John C. Maxwell

Cuando pienso en las personas que han enfrentado problemas y han salido triunfantes, una

de las primeras que vienen a mi mente es Mary Kay Ash. Ella ha levantado una tremenda organización. Durante los cuatro o cinco últimos años, he tenido muchas oportunidades de hablar sobre liderazgo a las personas de su compañía de cosméticos. De hecho, al viajar através del país dictando conferencias y llevando a cabo seminarios, pareciera que no importa dónde yo hable, siempre hay entre los asistentes a lo menos una docena de consultores de Mary Kay

Admiro a Mary Kay. Ella venció una serie de obstáculos en su carrera y nunca dejó que los fracasos destruyeran lo mejor de ella. El primer trabajo de Mary Kay fue en ventas directas donde alcanzó un notable éxito. Allí encontró que para una mujer era difícil progresar en el mundo de las grandes corporaciones, especialmente en los años cincuenta y comienzo de los sesenta, aun después de veinticuatro años de éxitos. Ella dice:

Traté de llegar a ser miembro de la junta de directores de la compañía, solo para descubrir que aun cuando nuestro equipo de ventas estaba formado totalmente por mujeres, dirigido por una junta formada solo por hombres, mi opinión no tenía ningún peso. Constantemente me decían: «¡Mary Kay, de nuevo estás pensando como una mujer!» Sentía el rechazo en la peor de las formas. Así es que decidí retirarme.1 Su retiro no duró mucho. Antes que transcurriera un mes, se volvió como loca. Decidió comenzar su propia compañía. Si iba a tener que enfrentar obstáculos, estos estarían allí porque venían con ella. Pensó en una compañía de cosméticos porque daría a cada mujer que trabajara allí oportunidades ilimitadas. Compró las fórmulas de los mejores productos

que pudo encontrar en el mercado, elaboró un plan de mercadeo y se preparó para lanzar la corporación.

No pasó mucho tiempo antes que se encontrara con el primer obstáculo. Cuando visitó a su abogado para hacer los arreglos legales para la corporación, este la trató duramente, prediciéndole el peor de los fracasos. «Mary Kay», le dijo, «si quiere dilapidar los ahorros de su vida, ¿por qué mejor no va directamente al recipiente de la basura? Sería mucho más fácil que lo que está pensando hacer». Su contador le habló en términos similares.

A pesar de los intentos por desanimarla, ella siguió adelante. Invirtió los cinco mil dólares, ahorros de su vida, en su nuevo negocio. Cada centavo que tenía lo invirtió allí.

Puso a su esposo a cargo de la administración y ella se dedicó por entero a preparar los productos, a diseñar los envases, a escribir el material para entrenamiento, y a reclutar vendedores. Estaban haciendo progresos admirables. Pero entonces, un mes antes de abrir, su esposo murió de un ataque al corazón.

La mayoría de la gente nunca habría sido capaz de seguir adelante después de eso.

Habrían aceptado la derrota y habrían dejado todo. Pero no Mary Kay. Ella se mantuvo avanzando y el 13 de septiembre de 1963 lanzó su negocio. Hoy día, la compañía tiene más de un billón de ventas al año, emplea a tres mil quinientas personas y capacita a quinientos mil representantes en veintinueve mercados a través del mundo en el campo de las ventas

directas.2 Mary Kay ha recibido casi todos los trofeos y premios que un empresario pudiera soñar. A pesar de las circunstancias adversas, los obstáculos y las desgracias, ella salió adelante.

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